Las redes sociales se han convertido en trincheras para expandir ideas de lucha y resistencia pese a la vorágine del contenido de ocio y discursos de odio. En medio de la marea de contenidos aparecen cada vez con más frecuencia aquellos que unifican las voces de mujeres jóvenes haciéndole frente a la arremetida del machismo.
Por Lucia Kenta Moscoso
Una joven desliza el dedo por la pantalla del celular y, en medio de bailes y videos breves, se encuentra con un mensaje que le resulta cercano: signos de una relación violenta, un testimonio anónimo, un número de ayuda.
El entretenimiento se va convirtiendo en información estratégica. Entre 2020 y 2025 el uso intensivo dado a las redes sociales se determinó como una de las causas del cambio sustancial que registraron las mujeres jóvenes de América Latina en su forma de informarse, compartir experiencias y reflexionar sobre la violencia de género. Al respecto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD indica en el reporte de Violencia digital contra las mujeres: Un panorama regional realizado en 2025 en América Latina y el Caribe que Instagram y TikTok pasaban de ser simples espacios de ocio a redefinirse como lugares donde emergen discursos sociales, educativos y preventivos que, a su vez, habilitan nuevos espacios de diálogo y de cuestionamiento respecto de los temas de género que solían encontrarse en silencio.
Este fenómeno ha sido captado por los múltiples organismos y medios de comunicación. El PNUD señala en el reporte de Violencia digital contra las mujeres: Un panorama regional realizado en 2025 en América Latina y el Caribe que la violencia digital contra las mujeres en sus vertientes ataques en redes sociales y campañas de desinformación es una de las formas de violencia de género que más rápidamente se incrementa en la región, la que ahonda desigualdades estructurales en los ambientes digitales.
Por otra parte, organismos de derechos humanos y campañas específicas han puesto con mayor importancia que esta forma de violencia no es un fenómeno aislado ya que afecta a la libertad de expresión, intimida a las mujeres y tiene efectos, si no antidemocráticos y represivos, sí de perpetuación de patrones tradicionales de desigualdad y control. Desde una perspectiva de análisis social, la especialista en género Camila Jiménez de la Universidad Católica Boliviana, indica que si bien las redes sociales constituyen espacios de configuración e intercambio de tipo masivo, también muestran las mismas tensiones culturales que allí fuera. "Hoy se habla mucho más de feminismo y de violencia de género en redes sociales, pero también aparecen reacciones hostiles y discursos que reproducen estereotipos de género", asegura. La coexistencia de discursos polarizados no es simplemente una mayor visibilidad, sino también una forma de mostrar la persistencia de resistencias culturales y sociales hacia la igualdad.
En este sentido, Jiménez precisa que lo que ocurre en una red social como Instagram o TikTok no consiste únicamente en un consumo pasivo, sino en producción colectiva de conocimiento social; es decir, las personas y las comunidades comparten experiencias, recursos y herramientas para identificar situaciones de violencia de género y responder a dichas situaciones de violencia.
La circulación de contenidos ha permitido que muchas jóvenes reconozcan señales en riesgo y accedan a información que antes no estaba disponible o que ni siquiera era visibilizada en sus entornos cotidianos. La psicóloga Wara Martínez de la Universidad Católica Boliviana, da una vuelta de tuerca a dicho fenómeno y lo convierte en un fenómeno emocional. Martínez señala que muchas de las mujeres jóvenes, a partir de sus inquietudes personales o las dudas que pueden tener sus vidas, acaban consumiendo contenidos referidos a géneros y relaciones:
“Instagram ha pasado a ser un lugar donde se deja claro y se ofrece de forma muy rápida tal información”, observa, “pero a la vez hay que tener en cuenta que en TikTok, gracias a su formato breve o resumen fugaz, también se cuenta de forma muy rápida. Esto implica llegar a contar alguna historia de alerta, pero que a su vez sea estresante cuando se le descontextualiza”.
La especialista concluye que las consecuencias de la exposición a contenidos referidos a violencia de género dependen de la forma en que la información se presente y de la manera en la que cada persona reciba el contenido. A diferencia de otros medios, el uso de las redes sociales mezcla narraciones, memes, tutoriales y opiniones, lo que puede expandir los límites, pero también provocar saturaciones emocionales cuando se está constantemente expuesta a su contenido.
Esa tensión entre los contenidos en un contexto de visibilidad y entre éste y el riesgo presente de generar malestar emocional es paralela a concluir lo que dicen las personas académicas en torno a la violencia sociodigital; es decir, a las violencias no sólo en términos de la violencia ejercida dentro de las prácticas de violencia de género, como el acoso o la difusión no consentida de imágenes o comentarios sexistas, sino también por parte de la violencia que se ejerce en redes públicas e informáticas frente a los propios efectos de su ejercicio mismo.
En la práctica cotidiana, en América Latina y particularmente en países como Bolivia, Instagram y TikTok funcionan como escenarios contradictorios: brindan información, compañía y conciencia colectiva, pero al mismo tiempo, producen dinámicas de hostilidad, polarización y violencia simbólica. Esta ambivalencia hace que las redes sociales lo sean precisamente con las mujeres jóvenes, que a la vez tienen interés en conocerse, en cuidar su salud emocional y en aprender a reconocer las señales de violencia en sus propias vidas. Sin embargo, a pesar de estas tensiones, el feminismo digital presenta una herramienta interesante para incrementar las posibilidades de información, construir redes identitarias colectivas y abrir diálogos que son más difíciles de sostener en los espacios off-line; de esta manera, en medio de algoritmos, pantallas y conversaciones, las mujeres jóvenes de América Latina están reformulando no sólo la discusión sobre las desigualdades de género, sino también la de cómo se acompañan para hacer frente a esas desigualdades.
Este proceso se manifiesta también en el contexto boliviano, donde creadoras de contenido y chicas jóvenes empiezan a utilizar Instagram y TikTok para hablar de violencia de género. Por ejemplo, en estos medios corre una práctica solidaria, memorativa y de reivindicación de derechos. En TikTok, se leen comentarios como: "por ti, por mi, por ellas, por nosotras, por las que faltan, justicia”
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